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Experiencia iniciática en la Montaña Ausangate.

Los Q'eros, o los últimos inkas, son un pueblo de etnia quechua, que en la época de la conquista se retiraron a zonas inaccesibles de los Andes, en zonas de hasta 5.500 metros sobre el nivel del mar. Están agrupados en cinco comunidades, ubicadas sobre valles glaciares del macizo Vilcanota, en Paucartambo, al sur de Cuzco, en Perú.

Aún hoy su alimento básico son las patatas, el único cultivo posible en esas alturas; también pastorean llamas para la leche y la lana, y sólo en ocasiones muy especiales, comen su carne.

Actualmente, la Gran Nación Q'ero o Hatun Q'ero la forman unas cuatro mil personas; este pueblo Inka ha mantenido viva su cultura durante siglos de aislamiento, conservando muchas de las prácticas de las antiguas tradiciones, por lo que se han convertido en un referente central en el resurgir de la espiritualidad Andina.

Los Q'eros y el chamanismo andino

Los Q'eros fueron "redescubiertos" en 1955, y desde entonces han ido ampliando su influencia en la nueva espiritualidad; tanto el chamanismo como el sacerdocio andino, forman parte integral de forma de vida. En la sociedad Q'ero distinguen tres niveles de poder espiritual: el inicial es el Paco Runa, es el primer grado de sacerdocio andino, el segundo nivel es el Pampa Misayoc, y el superior es el Alto Misayoc.

Actualmente sólo hay tres Alto Misayoc Q'ero, y una única mujer, Doña María Apaza, con 85 años; Doña María es la última representante de una época ya casi perdida. Sorprende verla caminar a paso vivo por los senderos andinos, con una energía y gracia olvidada para nosotros. Otros sacerdotes importantes en su tradición son Humberto Flores y su esposa Doña Bernardina, a los que visitamos en su comunidad en 2010. También Sebastián Pauccar es uno de los habituales Pampa Misayoc en Cuzco, dónde ejerce habitualmente.

Los Paco Runa constituyen el primer nivel, equivalente al chamán o curandero, realizando rituales y ofrendas a los Apus y espíritus de la naturaleza para pedir sanación, ayuda y protección. Los Pampa Misayoc, realizan también iniciaciones a la espiritualidad andina. El Alto Misayoc tiene además, el poder de ordenar directamente a los Apus o Espíritus de la Naturaleza, al viento, al rayo, al agua y a los Apus.

Apus o Espíritus guardianes

Los Apus son los Espíritus guardianes de la Naturaleza, que viven en las grandes montañas, y son invocados para la protección y sanación. Todas las grandes montañas tienen su Apu: Ausangate de Cuzco, Verónica, Machu Picchu, Huamanripa, entre otros. Es interesante destacar la relación energética que existe entre los Andes y los Himalayas, ya que fue transferida a los Andes como eje energético del planeta, cuando China invadió Tíbet. Hoy en día los Andes se consideran el centro energético para el despertar de la tierra.

Los Q'eroshablan con los elementales de las piedras, pues forma parte de su entrenamiento chamánico. Una experiencia impactante en los Andes es descubrir cómo las piedras y las montañas tienen una apariencia viva.

Hay tres modos de acceder al estatus sacerdotal andino: por linaje, por voluntad personal y por la caída de un rayo; este último es curioso y más que delicado, pues implica que al afortunado, le caiga un rayo y sobreviva para contarlo. La descarga eléctrica permea sus cuerpos internos, permitiendo que la conciencia de la persona sea un puente entre el mundo de los espíritus y el de los hombres.

Como en todos los pueblos de los Andes, la Coca es su planta sagrada por excelencia, y la usan diariamente para "pichar" o mascarla, en los rituales de purificación, y en las ofrendas a la pachamama.

También en la tradición andina se realizan iniciaciones, denominadas Karpays, con tres niveles básicos, que van abriendo poco a poco la energía de la espiritualidad Inka al iniciado.

Otro término interesante en Qechua es el de Amauta, que se utiliza para designar a maestros y sabios de la tradición Andina. Juan Ruiz, por su labor de difusión e integración de la espiritualidad Andina y la tradición occidental, se puede incluir en este grupo.

La Chakana, o la Cruz Andina

El símbolo por excelencia de la espiritualidad Andina es la Chakana. La Chakana o cruz Andina, está conectada con la Cruz del Sur, pues los Inkas creían que tenían una conexión especial con esta constelación. La Chakana con sus tres escalones, representa la escalera de unión entre los tres mundos andinos, el mundo de arriba o del Espíritu o Hanan Pacha, el mundo de la materia o Kay Pacha y el mundo de abajo o Uku Pacha. El centro simboliza tanto el Sol externo como el Sol interior que mora en el corazón de todos los seres. Hay representaciones que unen la chakana y los siete colores del arco iris, permitiendo realizar interesantes meditaciones.

Inti en quechua significa Sol, e Inka, el hijo del Sol; por esta razón, los antropólogos han interpretado que los Inkas eran adoradores del Sol, cuando en realidad la sociedad Inka era una sociedad altamente desarrollada. Una lectura espiritual nos muestra al Inka o hijo del Sol como la persona que ha alcanzado un alto grado de realización espiritual, y en este sentido muy cercano al Buda o literamente, iluminado.

Chamanismo Andino y lo Sagrado

Algunos antropólogos definen al chamán como aquella persona que reconoce que Dios está dentro, en el corazón del hombre. El chamanismo, más allá de la sanación y la magia, es una vía de progresión espiritual por medio de la Naturaleza y de la experiencia de lo Sagrado en lo cotidiano.

Los Q'eros, los últimos Inkas, son un vestigio vivo de la espiritualidad Andina que floreció hace siglos; conforman un pueblo con un importante legado cultural y espiritual, al que debemos ayudar, evitando que desaparezcan o sean engullidos por el sistema.

Es una experiencia conmovedora compartir con los últimos Inkas los despachos a la Madre Tierra Pachamama, las iniciaciones a los elementos, los rituales de purificación, visitarlos en los confines de los Andes y seguirlos con la mirada cuando se mueven tan ágiles como pumas por las laderas de los Apus.

En octubre luego de visitar Cusco, Machu Pichu, Valle Sagrado, Ollantaytambo ( como paso previo de conocimiento), ascenderemos por nuestros propios medios a la base del nevado de la Montaña Ausanghate a 5500 metros de altura, realizando incluso durante o desde el ascenso un camino interior sin retorno, desnudando nuestros miedos, redescubriendo nuestra capacidad de asombro, saliendo de nuestro sitio de confort para estar expuestos al poder de los Apus, de la montaña.

Ahi veremos realmente de lo que somos capaces, sin límites espacio y tiempo.

Yo viví esa experiencia y les puedo decir que para mi fue algo maravilloso, mágico, quiero compartir con ustedes ésta experiencia.

Al final como una gran premio fuimos iniciados como Pampa Misayoc, no puede ser mejor.

Un regalo al alma, un paso más en nuestro camino de evolución.

Los invito a participar.